El elefante en la habitación de la transformación digital

FECHA

¿Cuál es la realidad de la empresa antes de afrontar la digitalización? Seguramente hay un equipo comercial (de lo más profesional y efectivo) que lleva veinte años trabajando su cartera de clientes cada uno en su propio Excel y apuntando sus citas comerciales en la agenda que cada año le regala su pareja; también habrá un encargado de almacén que lleva veinte años anotando las entregas en folios con tablas de pedido; es posible que en contabilidad todavía se gestionen los listados de proveedores con el Acces XP… 

Una compañía que esté afrontando un proceso de digitalización descubre que la primera dificultad es convencer al grupo humano que la forma de que esa renovación de la empresa es positiva para todos. Suele ser difícil porque ellos no tienen la responsabilidad de gozar de una visión holística de la empresa. Esa responsabilidad recae en la dirección. El comercial, el encargado de almacén, el contable que lleva veinte años trabajando de una manera es posible que sólo vea una amenaza en el cambio. No podemos culparle por esa primera reacción. Es una especie de autodefensa hacia lo nuevo que en Eli Guillén hemos visto en la mayoría de casos de digitalización en los que hemos trabajado.

Si no se consigue convencer a todo el equipo de que sólo trabajando todos a una el proceso será un éxito, nunca conseguiremos digitalizar nuestra empresa de manera efectiva. Éste es el problema que todo el mundo ve, pero que nadie quiere discutir. El elefante en la habitación de la digitalización. Porque ¿cuántas iniciativas (intranets, implantación de ERP, usabilidad de aplicaciones, viabilidad de los CRM…) no se han quedado a medias por falta de cooperación e incluso de uso por parte del grupo humano? Quedarse a medias es lo peor que puede pasarle a una transformación.

Se debería hablar más de esto en el mundo de la transformación digital. Se vende un escenario muy naïf donde todos los empleados de una empresa están esperando con los brazos abiertos la renovación de los procesos. Pero eso no siempre es así y la única manera de vencer a la desconfianza inicial es con una buena estrategia de comunicación interna que debe basarse en tres pilares: transparencia, beneficio y transversalidad. A día de hoy, las empresas son las personas que las forman. Y si las personas no quieren transformar su trabajo, la empresa no logrará una digitalización productiva. 

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